Spotlight: una historia dentro de otra historia

IRENE MOLLÁ

Como si de una noticia informativa de gran calibre se tratase; como la portada de un periódico que, en su búsqueda por transmitir una información relevante de manera clara y contundente, otorgara al lector los aspectos esenciales de un acontecimiento; como en la construcción del lead; quién, qué, cómo, cuándo, dónde y por qué.

Así es Spotlight; un relato basado en hechos reales que se centra en el ojo del huracán; en la trama. El director, Tom McCarthy, no creyó necesario un relleno de carácter sentimental, sexual, ni de violencia directa que adornase la película -de hecho, las vidas privadas de los protagonistas quedan totalmente al margen-. Apostó por una historia que se ciñera a la realidad y no se saliera de la línea del proceso investigativo, y así lo hace.

Basándose en la sencillez, construye una trama que quita el aliento; una historia que enfurece y envuelve lo más frío e inhumano de un escándalo de abusos sexuales a menores que la Iglesia respaldó. Aun así, de Spotlight se aprende más de periodismo que de pederastia.

Esto nos lleva a lo que, bajo mi punto de vista, otorga mayor originalidad a Spotlight. Se trata de la dificultad de realizar una película que, sin contenido amoroso o sexual, sin relleno de ningún tipo y que únicamente se centra en una idea (la investigación de los curas pederastas), lo que realmente quiere trasmitir no es dicha idea. Es decir, lo que más llama la atención es el gravísimo e indiscutible escándalo que tratan los periodistas; pero lo que realmente define a la película es el trabajo de dichos periodistas para realizar la investigación.

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Las técnicas que para ello se han empleado son, por ejemplo, el hecho de que absolutamente todo se hace a través de los periodistas o debido a su investigación; ningún cura, ni la Iglesia, ni otro tipo de personajes menos relevantes, realizan ninguna acción en el espacio diegético sin estar presente un periodista. Es decir, en todas y cada una de las escenas –exceptuando la primera, que muestra a un cardenal detenido en una comisaría- hay al menos un periodista.

Podría decirse, por tanto, que existen varias historias “presentes” dentro de Spotlight; en primer lugar, la de la labor periodística y la investigación llevada a cabo por los protagonistas con cada uno de sus pasos y, en segundo lugar y en segundo plano, la historia de los pederastas, que funciona como excelente ejemplo para mostrar el ambiente que se respira en una redacción y lo que conlleva esta labor. Y ambas se desarrollan totalmente ligadas, porque una tira de la otra.

Si bien es cierto que la película evita todo contenido que no trate el tema central y que deja de lado las vidas personales de los propios protagonistas (de los cuales no sabemos absolutamente nada), sí que es perceptible una especie de proceso de humanización de dichos personajes, puede que para sensibilizar a su vez al espectador, a medida que se adentran en la trama.

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Michael Rezendes, interpretado por Mark Ruffalo, es el claro ejemplo de este proceso evolutivo dentro de la diégesis de la película: el personaje comienza siendo representado como un hombre sin demasiado carácter al que se le califica incluso como “coñazo” por su propio compañero -a pesar de ser un excelente periodista. Sin embargo, más adelante, el personaje sufre una especie de revelación, cuando se enfurece expresa lo que se supone que el espectador está sintiendo, debería sentir:

“LO SABÍAN, Y DEJARON QUE PASARA. ERAN NIÑOS, ¿DE ACUERDO? PODRÍAS HABER SIDO TÚ, PODRÍA HABER SIDO YO, O CUALQUIERA DE NOSOTROS. TENEMOS QUE TRINCAR A ESOS CABRONES, ROBBY, Y DEMOSTRARLES QUE NADIE PUEDE SALIRSE CON LA SUYA. NI UN CURA, NI UN CARDENAL, NI EL PUÑETERO PAPA”.

Esta revelación resume la trama del escándalo; puede que por ello se utilice en el tráiler oficial de la película. Explica exactamente de qué trata.

Mediante otros papeles, la película encarna la vocación de periodistas como Will McAvoy en The Newsroom, Russel Crowe en La Sombra del poder, o la mismísima Rachel McAdams en esta última película. La actriz funciona como una especie de nexo entre La sombra del poder y Spotlight; realiza una interpretación brillante en ambas, pero haciendo el mismo papel.

En cuanto a la presentación de los personajes, cabe hacer un breve análisis a algunas escenas:

En primer lugar, es curiosa la presentación de la redacción del periódico The Boston Globe y sus periodistas que coincide con la segunda escena. Analizando los planos que la componen, observamos que el director nos está diciendo que ellos son los protagonistas de la historia y, sobre todo, los buenos; hay una luz clara y agradable que entra a través de las ventanas; la ropa de tonos claros de la mayoría de los periodistas; la forma en que están situados… Por lo general, se muestra un saludable ambiente de trabajo.

La tercera escena, que contrasta totalmente con la primera, presenta al nuevo jefe, Marty Baron con cierto toque de misterio en un lugar más oscuro, formal, ordenado y serio.

Este fuerte contraste entre ambas escenas es una clara presentación y clasificación del papel que va a tener cada personaje en el desarrollo de la historia.

Un aspecto que en la película pasa desapercibido pero es la base de todo ejercicio periodístico es lo que hace que el periódico The Boston Globe destape este escándalo, y no otro. Se trata del criterio para detectar una noticia, y la valentía para enfrentarse a ella, aunque haya que atacar a una institución como la Iglesia.

Este es el gran papel que hace Marty Baron, interpretado por Liev Schreiber. Representa al empujón necesario en el periodismo actual; alguien que detecte lo noticiable e impulse a los periodistas a trabajar en ello -aunque lo haga básicamente por necesidad económica para combatir el periodismo gratuito en Internet, como él mismo explica en su escena de presentación:

[ Solo busco una nueva forma de hacer que este periódico sea esencial para sus lectores ]

 

IRENE MOLLÁ

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