Una censura innecesaria

La censura de Netflix por parte del Festival de Cannes, máximo referente de la industria cultural en Francia, ha puesto sobre la mesa el debate que enfrenta a las nuevas tendencias de comunicación contra sus pilares tradicionales.

El certamen cinematográfico vetará, de esta 70ª edición en adelante, cualquier película que no se haya estrenado previamente en las salas francesas. Esta decisión sitúa a Francia  muy cerca del estilo de Hollywood, cuyas películas candidatas a un Óscar deben haberse exhibido, como mínimo, tres veces diarias durante siete días seguidos en las salas de Los Ángeles.

Pedro Almodóvar, presidente del jurado de Cannes, se ha mostrado a favor de esta “censura cultural”: «Me parece una enorme paradoja dar una Palma de Oro y cualquier otro premio a una película que no pueda verse en gran pantalla». El cineasta, que reconoce la riqueza de una plataforma que produce y distribuye contenidos de pago, considera a Netflix una amenaza que trata de «sustituir las formas de consumo ya existentes».

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Dispositivos tecnológicos como el ordenador, la tableta o los teléfonos móviles son ya las plataformas favoritas para consumir contenidos cinematográficos, según datos del Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas del pasado año. Los usuarios manifiestan su preferencia por las nuevas tecnologías al ritmo al que la industria se transforma, amenazada por la piratería y la cultura de la gratuidad. Para combatir estos efectos negativos, presidentes europeos como Hollande o Sarkozy han afianzado durante los últimos años el gasto en cultura. España, al contrario del resto del mundo, se dedicó a elevar el IVA cultural, agravando el problema de la piratería online.

Por su parte, el ataque del Festival de Cannes contra la plataforma online cinematográfica y de pago más grande del mundo se escuda en la crisis de la industria cinematográfica. Aluden al peligro que Netflix acarrea contra su profesión y a la necesidad de combatirlo para defender la cultura. La necesidad de adaptarse a los nuevos cambios, no obstante, es un hecho inevitable, independientemente de la presencia, o no, de las plataformas online en certámenes de este calibre.

El veto a Netflix refleja el miedo de la industria tradicional hacia los nuevos formatos. Puede llegar a ser comprensible: al fin y al cabo, cada profesión lleva el agua para su molino, pero lo seguro es que la solución no se halla en la pelea de los formatos, sino en su complementación.

MERAKI

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