La diversidad deja de ser un guiño y protagoniza las historias de amor del cine de los últimos 7 años

El cine, a lo largo de su historia, se ha planteado como el altavoz de toda construcción social desarrollada a través de una pedagogía casi siempre adelantada a su tiempo contemporáneo, pero siempre con la certeza de ser el primer paso hasta la concepción de su propio discurso, aunque el celuloide en masa también es un canalizador de estereotipos, como es el caso de la identidad sexual y los referentes que han ido perpetuando el modelo de relación más visible.

Por ello, el film que contextualiza un presente abierto y cada vez más estabilizado en la aceptación y normalización de cualquier tipo de relaciones, cobra especial relevancia cuando se hace un ejercicio de comparación entre la esencia del relato de las principales opciones audiovisuales del año.

Si se habla de cine LGTB, es preciso afinar la concordancia entre las narraciones de historias con códigos adecuados para la difusión en masa y la cultura en construcción relacionada con la diversidad afectiva, dejando atrás el drama romántico desfasado e impregnando de realidad social actual las tendencias en la gran pantalla: los mejores relatos de relaciones son LGTB.

Así lo explica Víctor Mora en el ensayo Al magen de la naturaleza, donde articula la esencia de la homosexualidad perseguida en España durante la dictadura franquista y en adelante con la naturalidad del discurso que campa hoy en día en la mayoría de festivales de cine. En su relato, Mora puntualiza que «es interesante comprobar cómo los discursos del primer activismo por la liberación homosexual se preocupan, fundamentalmente, por dos cuestiones como la despenalización y la imagen dañina de la homosexualidad en las comedias ibéricas». Con este entrelíneas se aflora la realidad de un país como España donde, hasta hace poco, los relatos LGTB se hundían en los clichés establecidos, dejando de ser una historia reflejo de la sociedad para pasar a ser poco más –o menos- que una burda comedia o un show lejano al espectador masificado.

El foco ha pasado a tiznar de otro color a las historias cinematográficas homosexuales, iluminándolas de cotidianidad y dejando de ser señaladas por un dedo acusador que ahora deja en evidencia comentarios retrógrados como el del cardenal valenciano Antonio Cañizares al diario Levante, que «en defensa de la familia cristiana» tilda de «imperio gay» la socialización de las relaciones LGTB que supone, según Cañizares, «la más insidiosa de las ideologías que ha habido en toda la historia».

Por ello, es posible destacar diferentes títulos en la última década que se posicionan a día de hoy como la semilla pedagógica y audiovisual de unas historias de amor nuevas en su género pero clásicas, como no podía ser de otra forma, en la manera de amar. Francesc Miró, redactor en eldiario.es y colaborador en cinefagos.es, nos indica que «el cine contemporáneo asume progresivamente la diversidad como parte fundamental de las relaciones humanas» y propone esta lista de producciones referentes de las que nos hacemos eco y destacamos las siguientes:

En 80 días, un film de 2010 dirigido por José Mari Goenaga y Jon Garaño, e inspirados en unas amigas de los directores, se estipula un drama romántico protagonizado por dos mujeres de avanzada edad que se reencuentran después de muchos años de separación con la particularidad de que se aman. Ellas son Axun y Maite, interpretadas por Itziar Aizpuru y Mariasun Pagoaga. Ellas son dos personajes lesbianas que se adentran en un cultivo de sentimientos retraídos y ocultados. El reencuentro pone sobre la mesa la meta esencial de liberarse como personas emocionales, y recrea la actitud para desprenderse de las ligas opresoras, haciendo replantear a las dos ancianas los conceptos de libertad y amor, así como la reflexión que asciende al darse que cuenta que ambas se sienten con el derecho a vivir y sentir la historia de amor que no han podido desarrollar antes.

La realizadora Dee Rees, que pasó por Sundance cosechando buenas críticas con su nueva película Mudbound -review-, muestra la misma estética y calidad en Pariah (2011), donde entra en escena una joven todavía menor de edad que desarrolla su vida en el Bronx con toda la carga de opresión derivada de sus tres cruces: ser negra, lesbiana y sin recursos. Esta reflexión filosófica pero cruda descubre el entorno atroz centrados en los estratos de la clase social y la raza, pero también ahonda en la problemática que supone a un contexto sórdido el hecho de vivir el amor cautivo y escondido de sus círculos más cercanos. En referencias cercanas, Moonlight (2016) es la continuación, o el brazo extendido, de este proceso de superación de más de un escollo social, casi siempre ensamblados en la trinidad de la clase social, la identidad sexual y la raza.

En la lista proporcionada por Miró también destaca rotundamente La vida de Adèle (2012) de Abdellatif Kechiche, de la que el redactor comenta que supone «el despertar sexual de Adèle, una estudiante de quince años que se enamora de Emma, una misteriosa joven de pelo azul». Este film redacta la visión parcial de la relación interna y emocional de una lesbiana que se encuentra inmersa en un contexto asfixiante, pero que desahoga los conceptos de su relato a través de una narración perpetuamente particularizada.

Contemporánea a La vida de Adèle nace también La belle saison, fuertemente frenada por el éxito de la de Kechiche, tanto, que su productora, Elisabeth Pérez junto con su pareja Catherine Corsini decidieron retrasar su publicación. A pesar de esto, La belle saison no está cortada por el mismo patrón que la película de Kechiche, sino que retroalimenta la lucha feminista francesa y europea y relanza hasta el protagonismo las emociones internas de una pareja que, pese a tener el carácter lésbico agudizado -como podría tenerlo un carácter heterosexual-, no interpela entre el espectador y la narración, sino que se adueña de la normalidad y cuenta como un todo el discurso de las relaciones amorosas y sus dificultades.

El cine, por lo tanto, se consolida como la plataforma de formación pragmática lejos de dogmas y arquetipos. No ha sido fácil, varias películas que rozan con cierta sazón la atmósfera LGTB (Brokeback Mountain) lo hicieron desde una visión claramente masculina y hetero, denostando la normalidad que se pretende desde otras producciones aunque, cada vez más, el cine vira hacia la expansión y fuera de cualquier tinte correoso, los relatos LGTB ya forman parte de las dos concepciones columna del arte audiovisual: Lo social y el amor, sea como sea hacia quien sea.

 

RICARDO SEMPER

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